El mensaje que transmite Daniel Bernabé en su libro ‘La trampa de la diversidad’ tiene una gran importancia, porque señala, en mi opinión, uno de los mayores errores que está cometiendo la izquierda en su lucha para cambiar el mundo. Ese error (trampa) consiste en que se fragmentó en múltiples asociaciones, grupos, movimientos, plataformas, que se crearon para defender temas específicos (feminismo, ecologismo, animalismo, sanidad o educación pública, defensa de colectivos de todo tipo, etc.). Según el autor, estos grupos carecen de un relato común (“ya no se busca un gran relato que una a las personas diferentes en un objetivo común”), no presentan una política alternativa al sistema neoliberal, por lo que éste permanece inmune.
Ya lo decía Vidal Beneyto en
frase lapidaria: “Solo se destruye lo que se sustituye”, es decir, para
derrotar al neoliberalismo, hay que presentar una alternativa
política/ideológica viable. Y esa alternativa Bernabé la encuentra en la vieja
ideología de la lucha de clases. O, dicho de otro modo, hay que retomar el
viejo esquema de confrontación capital/trabajo, lo que supone politizar los
conflictos sociales, retomar el lenguaje político (izquierda/derecha,
democracia/dictadura, derechos sociales, partidos políticos, sindicatos, etc.).
Por poner un ejemplo, en el seno de las asociaciones no se habla un lenguaje
político.
Estas ideas están bien recogidas
en el texto de la contraportada del libro. A este respecto llamo la atención
sobre la siguiente frase: “Lo que decimos es que estos conflictos culturales
tenían un valor simbólico en tanto que permitían a un gobierno que hacía
políticas de derechas en lo económico validar frente a sus votantes su carácter
progresista al embarcarse en estas cuestiones”. Aquí está aludiendo claramente
a los gobiernos del PSOE (y a la política que sigue en general ese partido) que,
por un lado, impulsa y apoya a las asociaciones y plataformas de todo tipo y,
por otro, hace políticas neoliberales. Es decir, disfraza su abandono de la defensa de los trabajadores
frente al capital con la defensa de colectivos específicos y particulares o,
dicho con palabras de Bernabé, actúa en campos meramente simbólicos.
Gijón, agosto de 2020
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