viernes, 20 de marzo de 2020

Antropología filosófica I



Pregunta 1: ¿Descartes representa una aportación positiva o negativa a la imagen del ser humano?
La Edad Moderna se caracteriza, por lo que a la antropología filosófica se refiere, por dos rasgos muy importantes; es una edad en la que se desarrolla masivamente el comercio y las nuevas empresas. En ella surgen los burgueses que terminarán por arrebatar a la nobleza el poder. En ese contexto la necesidad de confianza y seguridad es fundamental. El segundo hecho de un alcance ilimitado es el nacimiento de la ciencia física de la mano fundamentalmente de Galileo, mediante la capacidad de convertir los datos de los sentidos en inicio de una causalidad matematizable que nos puede ayudar a predecir el comportamiento de las cosas de la naturaleza. Detrás de la ciencia natural hay una descalificación del mundo de los sentidos, porque en ellos no estaría la verdad, por más que fueran índices de elementos cuantificables.
La filosofía que se pone en marcha en la Edad moderna responde a estos dos acontecimientos. Respecto al siglo anterior, en los comienzos de la Modernidad, ira desapareciendo paulatinamente el carácter filosófico y moral que alentaba en el espacio epistémico antropológico, hasta el punto de que surgirá una filosofía al margen de cualquier planteamiento filosófico e incluso moral. Esa neutralización de la moral podría provenir del giro que Descartes introdujo en la filosofía, y que ya será determinante de toda la tradición filosófica posterior y en no menor medida del saber antropológico.
Descartes piensa en su filosofía el hecho científico puesto en marcha por Galileo, sobre todo el hecho de la desconfianza frente a los sentidos. Por otra parte, el desarrollo de la matemática le ofrece un modelo de pensamiento seguro. Desde entonces la ciencia natural será el principal estímulo para la filosofía. Esa peculiar situación de Descartes va a llevar a una imposibilidad de pensar las diferencias y la historia, pues éstas se desenvuelven en el ámbito de los sentidos, con ello Descartes inaugura un periodo filosófico en el que no había lugar para las ciencias humanas. En efecto, el núcleo de la filosofía de Descartes consiste en la posición de una naturaleza mecánica (la prevista por Galileo), de la que se ha retirado todo significado humano, y de un ‘cogito’ que constituirá el asiento firme para la construcción de la filosofía, pero que a la vez está recluido en un interior no exteriorizable de la máquina más perfecta que es el cuerpo. El ‘cogito’ cartesiano podrá ser rico en estructuras mentales innatas, pero tiene que ser abstracto, pues está aislado del mundo y de la realidad, siendo ajeno a ambos, por eso tal ‘cogito’ no permite pensar las ciencias humanas, pues no admite diferencias. Tomando al ‘cogito’ como referencia, todos los seres humanos son iguales; las diferencias solo son posibles en el terreno de la sensibilidad, conducta corporal, organización social, etc., en lo que después se llamará cultura; pero el ‘cogito’ está desligado de la cultura.
Dada la extraordinaria influencia del pensamiento de Descartes, con él el estudio de las diferencias humanas, tema de la antropología cultural, quedará fuera del ámbito dela reflexión filosófica, e incluso quienes las tomaron como motivo de reflexión pronto fueron atraídos a la gran corriente de la filosofía, más centrada en el ensayo de pensar el hecho de la ciencia natural.
Las consecuencias para la antropología científica fueron de largo alcance, pues al perder el estudio de las diferencias el aliento de la filosofía, prevaleció el estudio de los otros como un hecho al margen de lo que para nosotros pudiera significar. Con ello se iniciaba un difícil proceso para la antropología, pues, convertida en etnología, se limitaba en su saber, reduciéndose al estudio de los salvajes y los bárbaros, con lo cual no podía menos de distorsionar su objeto, pues tal limitación solo es posible postulando una ruptura en la especie humana, lo que necesariamente suponía poner al otro en un lugar inferior.
Por otro lado, cuando la antropología ha creído haber superado esa etapa y ha pretendido estudiarnos también a nosotros, al carecer de una preocupación filosófica, ha sido atrapada en las redes del escepticismo a través del relativismo. Con lo que la filosofía, expulsada por la puerta, se colaba, como tantas veces, subrepticiamente por la ventana, pero ahora en forma de ideología.
Finalmente, resulta interesante que precisamente en ese mismo momento del alumbramiento de la Edad Moderna surja también una discusión de la máxima actualidad y que solo ahora ha cobrado toda su importancia, el alcance del mecanicismo en el ser humano: la posibilidad de entendernos desde el modelo de la máquina, que, por entonces, siguiendo el modelo de la física, se utilizaba también como modelo del funcionamiento del mundo. Los autómatas empiezan a ser mencionados en la literatura filosófica y Leibniz convierte en cálculo partes importantes del razonamiento humano. Pero no solo eso, a tales intentos de convertir la razón en mecánica no podía menos de seguir el intento de pensar también al hombre como una máquina.

Pregunta 2: ¿En qué sentido se puede decir que Freud cerraría el espacio antropológico y en qué sentido lo abriría?

  
Freud fue, junto con Marx y Nietzsche (y en cierta medida también Feuerbach), un filósofo de la sospecha, porque cuestionó, al igual que los otros, conceptos filosóficos que parecían muy consolidados. Su crítica puede considerarse un complemento de la crítica social de Marx. Porque, si bien es cierto, como señala Marx, que hay en la sociedad una alienación generalizada, procedente de la cosificación que implica la producción de mercancías y que constituiría algo así como el trasfondo de toda alienación, existen también otros modos de perderse enraizados en relaciones más personales y que afectan no tanto a la relación del ser humano con la naturaleza, sino a la relación en la que surge el mismo ser humano y en la que madura como persona desde la dimensión más íntima de su adiestramiento en el seno de una familia. Éste fue el objeto de la crítica freudiana.
La alienación social procedente de la estructura socioeconómica de nuestra sociedad se complementa, pues, con una alienación generada en la mutilación misma que las relaciones familiares imponen a los niños.
Contestando concretamente a la pregunta, podemos decir que Freud cerró el espacio antropológico porque su método del psicoanálisis, que atribuye al inconsciente humano la conducta de éste, parece anular la capacidad de autonomía y libertad que la filosofía atribuye al hombre.  Lo abrió en el sentido de proponer una antropología filosófica desenmascarada en la cual el ser humano conoce tanto sus límites como sus posibilidades.

Pregunta 3: La crítica ‘marxista’ al darwinismo: de la sociedad a la naturaleza y de la naturaleza a la sociedad.

Marx y Engels recibieron de forma positiva la publicación de ‘El origen de las especies’ de Darwin, en la que se daba cuenta de la teoría de la evolución por selección natural. Era evidente que dicha teoría estaba en sintonía con su filosofía materialista y con su concepto determinista de la historia que, al igual que la teoría darwiniana, concebía a aquella como un proceso evolutivo regido por leyes naturales.
Pero, estando de acuerdo con su teoría científica, discreparon de los planteamientos ideológicos (paradigmas) con que fue formulada e interpretada por la sociedad de su época. Efectivamente, el propio Darwin dejó escrito que su teoría estaba inspirada (independientemente de los experimentos empíricos) en la teoría de la lucha por la vida de Malthus, con grandes connotaciones políticas, pues esta lucha, en la que sobrevivía el más fuerte, justificaba desde la naturaleza la sociedad competitiva que por entonces se estaba desarrollando. De ahí que Marx y Engels vieran aquí una proyección de la sociedad (capitalista) en la naturaleza (darwiniana), al mismo tiempo que, en un proceso inverso, esa misma naturaleza se reflejaba en la sociedad. Concretamente, Marx, menos de tres años después de la aparición del ‘Origen’, confiesa a Engels su crítica a Darwin en los siguientes términos:

“Es notable como Darwin bajo la bestias y las plantas reconoce su sociedad inglesa, con su división del trabajo, la competencia y la lucha por la existencia malthusiana. Se trata del ‘bellum ómnium contra omnes’ de Hobbes y recuerda lo que dice Hegel en la Fenomenología, donde la sociedad burguesa figura como “reino animal del espíritu”, mientras que en Darwin el reino animal aparece como sociedad burguesa”.

Sería Engels quien, años más tarde, demostraría con datos la falsedad con que se estaba
interpretando la teoría darwiniana, por cuanto entre los individuos de muchas especies no solo no hay rivalidad, sino que hay colaboración. Muchas especies no luchan por la supervivencia, ni hay una “selección”, hay, sencillamente, una supervivencia de aquellos especímenes que están más adaptados al entorno.

Examen de Antropología filosófica I
Uned, Gijón 11/2/2020

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