Todos sabemos
a estas alturas que los argumentos que esgrimieron los tres de las Azores para
emprender la guerra de Irak eran falsos, y a la vista de las trágicas
consecuencias de su acción (el terrorismo se multiplicó por 100), hay que
preguntarse por los verdaderos motivos de la misma. Existen dos evidentes:
incompetencia política o intereses privados inconfesables. Por lo que se
refiere a Bush y Blair la última hipótesis parece la más probable a la vista de
los siguientes hechos:
Irak dispone
de reservas petrolíferas vitales para el funcionamiento regular de la industria
norteamericana, y Sadam Husein había comprometido a partir de 1995 la
explotación de sus recursos con empresas rusas y francesas. Los norteamericanos
y británicos, embarcados en el embargo, no participaban en el banquete.
Parece que la
decisión de invadir Irak no fue tomada en el contexto de la seguridad nacional,
sino en el de la elaboración del Plan Energético Nacional que Bush encomendó a
su vicepresidente Dick Cheney, (la negativa de éste a dar información al
respecto está recurrida ante el Tribunal Superior de su país). Grandes empresas
petroleras norteamericanas como Enron o Halliburton necesitaban urgente
inyección de liquidez para hacer frente a sus crisis por insolvencia. La ayuda
llegó tarde para la primera, pero no para la segunda que ha obtenido contratos
en Irak por valor entre 12.600 y 16.800 millones de dólares.
Si a esto
unimos que, no sólo Bush, sino también sus más directos colaboradores como
Cheney, Condoleezza Rice o Donald Rumsfeld, tienen intereses en la industria
petrolera, podemos ir atando cabos y sacando conclusiones.
Referente a
nuestro presidente en funciones, la explicación es obvia: incompetencia
política.
Gijón, 3-4-2004
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