viernes, 8 de agosto de 2014

Educación para la ciudadanía


La insólita ofensiva (insólita en una democracia que se creía consolidada) desencadenada por la Iglesia católica, parapetada, esta vez, detrás de lo que llaman ‘familia cristiana’ y el retrógrado PP de Aznar-Rajoy contra la asignatura ‘Educación para la ciudadanía’, próxima a ser impartida en los Institutos, puede interpretarse como una señal inequívoca del peligro real que se cierne sobre España: la vuelta a nuestro secular, cavernícola y fanático pasado.
El camino emprendido por Polonia de la mano de los gemelos Kaczynski en busca de sus raíces ultracatólicas debería inquietar a los españoles porque compartimos una común historia de reaccionarismo religioso.
El argumento más esgrimido por los fundamentalistas contra la asignatura es el punto tres del artículo 27 de nuestra Constitución que dice: “Los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”. No sé si por ignorancia o mala fe suprimen la lectura del punto dos del mismo artículo: “La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales”.
Es decir, los padres que lo deseen pueden dar una educación religiosa a sus hijos, pero corresponde al Estado proporcionar una formación laica, democrática y cívica a todos los jóvenes, porque es sobre estos supuestos sobre los que se asienta la convivencia democrática.
Ambas éticas, religiosa y laica, no deben contraponerse. Aquél que vea incompatibilidades no interpreta correctamente la Constitución. Quizá debería matricularse en la asignatura “Educación para la ciudadanía”.


                                                           Gijón, 10-7-2007

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