jueves, 14 de agosto de 2014

Avances y retrocesos en la evolución democrática


Existe gran confusión acerca de lo que se entiende por cultura y democracia. Aunque pueda parecer una pedantería por mi parte, quisiera dar una opinión al respecto.
No por tópico resulta menos cierto que, tal como se dice, nosotros somos herederos de la cultura grecorromana. No sólo nos legó su lengua, sino que configuró de manera importante nuestro pensamiento.
Hay otras influencias históricas importantes que marcan decisivamente nuestra forma de ser y de entender. Cito algunas: El cristianismo con su mensaje de amor y perdón; el Renacimiento que supuso una recuperación de los clásicos; la reforma protestante y las guerras de religión europeas de los siglos XVI y XVII; la Ilustración que con su racionalidad e universalidad sembró el germen de la Revolución Francesa (auténtico hito histórico); la aparición de la filosofía empírica de trascendental importancia para el desarrollo de la ciencia y la tecnología; la revolución industrial que multiplicó los bienes materiales; el socialismo con sus ideales de igualdad y emancipación obrera; el marxismo con su materialismo dialéctico e histórico, imprescindible para entender la realidad y su lucha de clases para superar la eterna explotación del hombre por el hombre; la economía como ciencia que reguló el mercado; la declaración universal de los derechos humanos adoptada por la ONU en 1948; la socialdemocracia posterior a la Segunda Gran Guerra que creó el Estado de bienestar.
Existe otra parte de nuestra historia que corresponde a, digamos, las sombras, que debemos igualmente conocer aunque sólo sea para no repetir sus errores: el imperialismo, el sistema esclavista, la Edad Media con su sistema feudal, oscurantismo cultural y sentido religioso de la vida, la Inquisición, los colonialismos, los totalitarismos de todo signo (fascista, estalinista, racista, etcétera).
La democracia como ideal de convivencia humana o utopía surge, como se sabe, en la temprana época de los griegos y renace de nuevo en la Edad Moderna, recorriendo la última parte de nuestra historia con avances y retrocesos. No se puede entender bien su significado si no se conoce el proceso histórico descrito porque forma parte de él.
La cultura o la historia de Asturias hay que situarla dentro de este contexto histórico mucho más amplio y decisivo a la hora de configurar las bases de nuestra convivencia. Sería un error garrafal considerarlo al revés: situar la historia de Occidente en el contexto de la historia de Asturias como parece que pretenden algunos. Dicho de otra manera: se puede prescindir de la cultura y de la historia de Asturias y no pasa nada. Si se prescinde de la otra, se es un ignorante.
                                                                     

                                                                           Gijón, 31-1-2003

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