Existe gran
confusión acerca de lo que se entiende por cultura y democracia. Aunque pueda
parecer una pedantería por mi parte, quisiera dar una opinión al respecto.
No por tópico
resulta menos cierto que, tal como se dice, nosotros somos herederos de la
cultura grecorromana. No sólo nos legó su lengua, sino que configuró de manera
importante nuestro pensamiento.
Hay otras
influencias históricas importantes que marcan decisivamente nuestra forma de
ser y de entender. Cito algunas: El cristianismo con su mensaje de amor y
perdón; el Renacimiento que supuso una recuperación de los clásicos; la reforma
protestante y las guerras de religión europeas de los siglos XVI y XVII; la Ilustración que con su
racionalidad e universalidad sembró el germen de la Revolución Francesa
(auténtico hito histórico); la aparición de la filosofía empírica de
trascendental importancia para el desarrollo de la ciencia y la tecnología; la
revolución industrial que multiplicó los bienes materiales; el socialismo con
sus ideales de igualdad y emancipación obrera; el marxismo con su materialismo
dialéctico e histórico, imprescindible para entender la realidad y su lucha de
clases para superar la eterna explotación del hombre por el hombre; la economía
como ciencia que reguló el mercado; la declaración universal de los derechos
humanos adoptada por la ONU
en 1948; la socialdemocracia posterior a la Segunda Gran Guerra
que creó el Estado de bienestar.
Existe otra
parte de nuestra historia que corresponde a, digamos, las sombras, que debemos
igualmente conocer aunque sólo sea para no repetir sus errores: el
imperialismo, el sistema esclavista, la Edad Media con su sistema feudal, oscurantismo
cultural y sentido religioso de la vida, la Inquisición , los
colonialismos, los totalitarismos de todo signo (fascista, estalinista,
racista, etcétera).
La democracia
como ideal de convivencia humana o utopía surge, como se sabe, en la temprana
época de los griegos y renace de nuevo en la Edad Moderna ,
recorriendo la última parte de nuestra historia con avances y retrocesos. No se
puede entender bien su significado si no se conoce el proceso histórico
descrito porque forma parte de él.
La cultura o
la historia de Asturias hay que situarla dentro de este contexto histórico mucho
más amplio y decisivo a la hora de configurar las bases de nuestra convivencia.
Sería un error garrafal considerarlo al revés: situar la historia de Occidente
en el contexto de la historia de Asturias como parece que pretenden algunos.
Dicho de otra manera: se puede prescindir de la cultura y de la historia de
Asturias y no pasa nada. Si se prescinde de la otra, se es un ignorante.
Gijón, 31-1-2003
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